¿Dónde están los límites?
Los límites que tenemos en diferentes situaciones nos catalogan y definen como personas. Conocerlos hacen que éstos tengan más recorrido. Si sabes dónde está ese límite, bien podrás adivinar cómo hacer que cambie. Si no lo conoces o no aprendes a ver dónde está, se convierte en un arma de doble filo. Tan peligroso como efectivo.
Comprendo que muchas personas sean ambiciosas y tengan sus objetivos marcados. Les honra y califica como trabajadores el hecho de aguantar y “echar horas” sin protestar. Pero ¿Sabemos ver como trabajadores la línea que muchas grandes empresas difuminan hasta confundir el hecho de ser productivo con explotado? ¿Somos conscientes de que organizados de una manera más eficaz estas cosas acabarían? ¿Es normal que una persona esté más de 30 días sin descanso por qué su empresa le pida que, “libremente”, renuncie a sus derechos como trabajador? ¿Dónde están los límites?
Saldrán los partidarios de las grandes empresas, auditoras y consultoras en su mayoría en estos casos, defendiendo las posibles razones de éstas para llevar a cabo estas políticas. No me las creo. Se aprovechan de las necesidades, tanto económicas como sociales, de los individuos para beneficio propio. Ellos, los trabajadores, con un corporativismo digno de sentimiento patrio, se justifican resignados. “Es lo que hay“, dicen. Si “lo que hay” fuera “lo que debe o tiene que ser”, uno no estaría haciendo el trabajo de dos, multiplicando exponencialmente así el valor de lo producido para otros.
No tengo el ánimo ni el propósito de personalizar esta entrada, aunque con la certeza de que algunos lo harán, quiero dejar claro que no os juzgo. Os valoro, y mucho.
En el otro extremo están los funcionarios, pero de eso hablaremos en otro momento. Material hay para aburrir.










Como todo en la vida es relativo. En primer lugar habría que diferenciar entre pequeñas y grandes empresas. En las grandes, sobre todo en sectores determinados, y no entro a determinar cuales, esa filosofia es sinonimo de esclavitud, para que llamarlo de otra manera, y donde se ha implantando la piramide laboral, los de abajo trabajan y los de arriba trabajan menos y recuperar los esfuerzos laborales del pasado. En la empresa pequeña, es otra cosa, pues para poder competir con las grandes, prestando muchas veces mejores servicios, tienes que competir en precios ( fácil) y sobre todo en plazos, para lo cual necesitas esfuerzos puntuales, que despues se compensan no económicamente. El problema es que el sistema, en este caso y en otros muchos está establecido así, y es dificil luchar contra él, salvo que cada uno sea su jefe, que es actitud sana pero arriesgada. Por eso hay gente que prefiere esa seguridad con explotación y sueldos razonables, a lo otro con cierta inseguridad y sobre todo mucho riesgo.
Creo que ha quedado claro de qué estaba hablando. No era una comparación de empresa pequeña vs empresa grande, sino una valoración de un hecho en concreto. La cuestión es que tampoco quería dar muchas pistas.
Desde luego mi caso no es.
Me ha hecho gracia este “post”… Gracias Javier. Me has alegrado el día.
De nada, Barcino. Ya sabes que me tienes inquieto. Ánimo.
Por cierto, abogo por calificar estas “cosas” como “entradas”. Lo de “post” no me termina de convencer en un blog.
Tonterías, supongo.